Decía Miguel de Unamuno que de razones vive el hombre y de sueños sobrevive. Y no solo de sueños y aspiraciones, sino también de nuestro sueño rem y no-rem diario.

La relación entre calidad del sueño y calidad de vida ha sido ampliamente demostrada, y tiene mucho que ver con nuestros ciclos de sueño.

¿Sabías que cada noche tu sueño pasa por varios ciclos de unos 90 minutos?

Cada ciclo está compuesto de 5 fases del sueño, y cada fase tiene un objetivo concreto cuyo fin último es permitirnos un descanso profundo y reparador.

Cada persona tiene un patrón de sueño diferente, aunque por lo general los podemos dividir en tres:

  • Patrón de sueño corto, de unas 5 horas de sueño diarias, lo que equivale a unos 3 ciclos por noche.
  • Patrón de sueño intermedio, en el que se acumula la mayoría de la población. Equivaldría a dormir entre 7-8 horas (4-5 ciclos).
  • Patrón de sueño largo, para las personas que duermen entre 9-10 horas diarias (6 ciclos).

A pesar de esta disparidad, la investigación ha sugerido que el patrón intermedio es el más saludable, puesto que está asociado a una mejor salud física y a una mayor longevidad.

Dormir es una de las funciones vitales más básicas, y aunque a veces no le demos la importancia que merece, es importante mantener una buena higiene del sueño que nos permita mantener un descanso adecuado.

Pero… ¿Por qué es esto tan importante?

¿Qué ocurre durante el sueño para que sea tan determinante de nuestra salud mental y física?

Fase I: adormecimiento

Esta es la fase de transición entre la vigilia y el sueño, que no suele durar más de 7 minutos y ocupa entre un 2-5% del tiempo total del sueño. Es una fase de relajación en la que se produce un enlentecimiento del latido cardíaco y disminuye la tensión muscular. Aun así, seguimos percibiendo estímulos auditivos y táctiles de nuestro alrededor, por lo que es muy fácil interrumpir el sueño en esta fase.

Fase II: sueño ligero

Representa un 50-60% del total del sueño. En esta fase se produce una desconexión del entorno aumentando el umbral del despertar, lo que facilita el mantenimiento del sueño, disminuyendo nuestra respiración, ritmo cardíaco y tono muscular.

Fase III: transición

Los músculos continúan relajados y la frecuencia cardiaca y respiratoria disminuye. La tercera fase es considerada una transición hacia la cuarta y ocupa menos del 10% del tiempo total de sueño. Se reduce aún más nuestra actividad simpática, sumiendo al cuerpo en un estado profundo de relajación.

Fase IV: sueño profundo

La cuarta fase del sueño recibe este nombre porque es la fase donde existe un umbral mayor de despertar, de tal forma que si nos despertáramos estaríamos confusos y desorientados. Ocupa un 15-20% del sueño total, siendo mayor en la primera mitad de la noche y disminuyendo en la segunda mitad, hasta desaparecer. La temperatura cerebral disminuye, lo que se traduce en un mayor descanso mental. En esta fase aparecen las primeras ensoñaciones, y es donde ocurren los terrores nocturnos y el sonambulismo. Esta fase determina la calidad de nuestro sueño.

Fase V: sueño REM

La quinta fase es la llamada fase REM o sueño paradójico, refiriéndose a los movimientos oculares rápidos de los ojos. Representa un 20-25% total del sueño. Es una fase que se va alargando a medida que avanza la noche y en la que se produce un aumento de la actividad simpática (aumento del pulso, la tensión arterial, la respiración) sin embargo existe una total atonía muscular, debido a que es en esta fase donde se produce la actividad onírica fundamental, es decir, los sueños con forma de narración y las pesadillas.

Se ha hipotetizado que el sueño REM contribuye al desarrollo cerebral y al aprendizaje, consolidando las memorias, especialmente de contenido emocional, del día anterior y desechando la información inservible para impedir su almacenamiento, así como ayudando a integrar conductas aprendidas.

Tras finalizar esta fase, se completaría un ciclo y el sueño se volvería a iniciar en la Fase II. Algunas veces hay un pequeño retorno a la Fase I, produciéndose un pequeño despertar de unos segundos, muchas veces no recordado por la persona, que nos permite, por ejemplo, cambiar de postura durante la noche.

Ahora que sabes un poco más de tu sueño, ¿te animas a intentar mejorarlo?

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