A pesar de la situación que vivimos actualmente, seguimos siendo testigos de personas que, individualmente o en grupo, parecen no atender a la lógica de las recomendaciones sanitarias.

¿Por qué sucede esto? ¿Qué hay detrás de esta voluntad por saltarse la norma?

La amenaza o pérdida real de libertad provoca en la persona un estado de disonancia, que motiva a llevar a cabo alguna acción con el objetivo de restaurar o proteger esa libertad. Este proceso responde al nombre de reactancia psicológica.

“Las personas tenemos un impulso natural a defender nuestro libre albedrío”

La reactancia psicológica produce varios efectos en la persona, entre los que destacan.

AUMENTO DEL ATRACTIVO DE LA CONDUCTA PROHIBIDA

O lo que es lo mismo, cuartar la libertad de acción solo aumenta la motivación para llevarla a cabo. Esto puede llevar a la persona a embarcarse en acciones que previamente no se había planteado. Por ejemplo, limitar la capacidad de movilidad libre por un municipio puede aumentar la voluntad por salir a pasear, aunque previamente este no fuera un comportamiento o habito propio en la persona.

RESTAURACIÓN DE LA CONDUCTA O REALIZACIÓN DE CONDUCTAS SIMILARES

Es lógico que, si la persona ha visto su libertad constreñida, trate de restablecerla intentando llevar a cabo la conducta concreta que se ha prohibido. Por ejemplo, si se veta la práctica del ejercicio físico al aire libre, la persona llevará a cabo esta conducta en concreto para sentir que ha recuperado su libertad. Sin embargo, a veces sucede que realizar la conducta exacta no es posible, lo que lleva a las personas a llevar a cabo comportamientos similares o relacionadas. Estas conductas, por están de alguna forma implicadas con la conducta prohibida, ofrecen a las personas la sensación de que la falta de libertad es menor, lo que reduciría la disonancia psicológica. Por ejemplo hacer ejercicio físico, pero en casa.

ALTERACIÓN EMOCIONAL

Suele suceder que la frustración interior que proviene de la limitación de la libertad sea volcada sobre los agentes responsables de ella. Es fácil que, incluso si la limitación es ligera, o incluso si la conducta limitada no era previamente muy valorada por la persona, surjan respuestas emocionales agresivas u hostiles hacia aquellos que se perciben como responsables del acotamiento de la libertad, así como sobre los que la ejecutan. Estas reacciones suelen verse sobre personas encargadas de seguridad, por ejemplo, en locales o tiendas, y, especialmente, ante las fuerzas del orden.

¿Qué sucede en los grupos?

Decía Freud que cuando un individuo se encuentra dentro de un contexto grupal, este transforma su conducta, dejándose llevar por lo que él denominaba “mente de grupo”. Esta mente colectiva sería distinta a la mente individual de la persona, y la predispondría a “diluirse” con el grupo. A través de este efecto de diluido, al estar en un grupo las personas pierden parte de su individualidad, al percibir que su actitud y conducta queda en parte enmascarada entre las de los demás integrantes del grupo, así como por la creencia de que será respaldada por el grupo. En todos los grupos se dan procesos de refuerzo y castigo social que incitan a la conformidad con las normas y la conducta dominante del grupo. Es fácil ver ejemplos de estos procesos, especialmente en grupos de personas jóvenes, en los que muchos de los individuos realizan o siguen acciones que de forma individual no estarían predispuestos a llevar a cabo.

De esta forma, la reactancia psicológica puede verse fomentada dentro de los grupos, por una mayor percepción de injusticia, por el reforzamiento social de conductas que lleven a la restauración de libertades, por el efecto de diluido dentro del grupo y por la tendencia a la conformidad y aceptación de conductas y normas implícitamente establecidas.

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