¿Qué pasa cuando la queja se convierte en hábito?

 

Para responder a esta pregunta, primero debemos responder a lo siguiente: ¿Para qué sirve quejarse? 

En realidad, la queja es un mecanismo útil, pues nos proporciona un beneficio psicológico relacionado con la expresión de las emociones, además de servir para movilizarnos. Esta precede a la acción, en términos de búsqueda de soluciones a aquello de lo que nos quejamos.

Está comprobado que esta forma de desahogarse es práctica en determinados momentos, pero, a veces, se nos olvida la segunda parte, la de la movilización. La queja se convierte en un hábito cuando esta aparece sin que exista en realidad nada que la justifique, es decir, cuando es más bien el fin en sí misma y no un medio para encontrar soluciones.

Es entonces cuando la queja se convierte en una forma de vida.

Pero si este tipo de conductas, en realidad, nos proporcionan malestar, ¿por qué seguimos haciéndolas una y otra vez?

Cuando la queja se convierte en hábito

Más que por qué, la pregunta sería para qué.

Hay que tener en cuenta que en estos casos se está utilizando la queja como forma de relacionarse con el mundo porque se ha aprendido a hacerlo de esta manera, ya que las experiencias previas y relaciones con los demás han reforzado esta actitud. Esto significa que las personas que actúan así no saben realmente hacerlo de otra manera. Usan la queja como modo de interactuar con las personas y, así, construyen su propio rol en torno a la insatisfacción constante. 

La queja continua enmascara una identidad de inferioridad e indefensión aprendida que refleja la creencia de que el mundo está lleno de problemas sin solución, sin remedio, por lo que solo queda resignarse y quejarse. En la queja misma se encuentra la satisfacción y el reconocimiento, así que, la persona no busca tanto conseguir sus deseos sino reclamarlos.

Sabiendo todo esto, ¿podemos salir de ese círculo de quejas constante?

 

Sí, se puede. Una de las cosas más útiles es transformar las quejas en peticiones. La petición te lleva a esa acción que la queja bloquea puesto que el acto de pedir implica una acción para conceder esta petición. Así pues, le aporta a la queja ese matiz activo.

Así que recuerda, cuando te veas atrapado en el círculo vicioso de la queja, empieza transformando tu descontento y tus protestas en peticiones explícitas dirigidas hacia algo o alguien concretos.

En ocasiones necesitamos llegar a este punto para empezar un proceso de cambio.

 

“Las perezosas células cerebrales solo encienden su luz bajo el látigo de las emociones penosas.” S, Ramón y Cajal.

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