Normalmente, al hablar de la dependencia emocional se suele asumir que es uno de los miembros de la relación el que presenta esta dependencia, atribuyendo al otro una autosuficiencia e independencia total. Es decir, uno de los miembros dependerá del otro sujeto no dependiente.

Pero, si partimos del hecho de que los seres humanos, y por tanto las relaciones entre ellos, son un sistema complejo, lo cierto es que todas las partes dependen unas de otras. De esto se deduce que, en una relación de dependencia, deberemos considerar el sistema relacional como un todo, en el que la función de todas las partes es importante.

Esto supone que en una relación en la que haya un miembro dependiente, habrá otro que muy probablemente, más que autosuficiente será un cómplice de la dependencia. Es decir, que o bien favorece o bien se beneficia de la actitud dependiente.

De esta manera, al igual que en cualquier situación de adicción/dependencia, a «los camellos» les interesa que existan adictos para mantener sus beneficios, las actitudes codependientes necesitan, para su mantenimiento y su justificación, que la desigualdad y la dependencia se mantengan.

Para entender bien este mecanismo por el que se mantiene una codependencia emocional, será necesario explicar en primer lugar qué es la interdependencia (una dependencia sana) y cuándo esta se convierte en codependencia (dependencia no sana).

La interdependencia y la codependencia

La interdependencia es definida como «la dependencia recíproca en una organización estructurada». La diferencia fundamental respecto a la codependencia radica en el matiz de la reciprocidad. Mientras que la interdependencia lleva implícita la noción de intimidad, libertad e igualdad, la codependencia, al contrario, implica desigualdad, pues requiere del desequilibrio en la relación. Es necesaria la presencia de un ser superior y de un ser inferior, sin alternancia de estos roles.

La interdependencia insiste en el carácter enriquecedor y positivo que suponen las relaciones humanas, en cuanto a que estas nos hacen crecer y evolucionar mutuamente.

Actitudes codependientes

Existen ciertas actitudes que crean el escenario perfecto para que haya «un alguien» que dependa de mí.

En primer lugar, tenemos la fusión. Esta actitud implica que, al sentirnos incompletos, tendemos a fusionarnos con el otro, anulando así sus deseos y pensamientos, creando, aunque no intencionadamente, una simbiosis tóxica en la que el otro se convierte en objeto más que en sujeto, pues la otra persona pasa a ser algo que utilizo para satisfacer mis propias carencias. El aislamiento y la fusión son opuestos, pero idénticos en su radicalidad.

Otra actitud que puede llevar a la codependencia es el orgullo desmesurado. Suele dar a pie a personalidades muy autoexigentes y “autosuficientes”, propias de personas que ven el hecho de necesitar a los demás  como algo negativo en sí mismo, pero no así que los demás las necesiten a ellas. Por lo que son personas que intentan siempre hacer todo por sí mismas.

Necesitan a gente que los necesite para precisamente auto confirmarse en la creencia de que ellos son independientes y los demás son los dependientes.

Esta conducta también puede derivar en un subtipo de actitud un tanto tóxica, en el que entrarían algunas actitudes caritativas. La actitud caritativa en exceso puede ser insana cuando implica el abandono y descuido de las propias necesidades en pos de cubrir las necesidades ajenas. 

La persona da su tiempo, su dinero, sus fuerzas, sin pedir (aparentemente) contrapartida. Los demás (siempre víctimas que están en peligro) son los necesitados. Lo que ocurre con esta actitud es que no es tan altruista como parece, pues en última instancia, se realiza más por el reconocimiento social que por ayudar al otro, o incluso, se busca el endeudamiento.

El otro es visto como alguien que necesita recibir, pero al que le anulo su capacidad de dar. Es como aquel que escribe en solitario un diálogo de todos los personajes, pero que no soporta que los personajes tengan voz propia. Si desarrollo esta actitud, es muy probabale que cree en el otro una dependencia hacia mí.

Dependencia emocional

 

Desmontando mitos sobre la in-dependencia

Como ya hemos comentado, cuando aparece una dependencia emocional en una relación, se tiende a separar entre el miembro dependiente y el no dependiente, dicotomizando así el propio concepto de independencia, concluyendo que “depender es malo” y “no depender es bueno”.

Pero nada más lejos de la realiad, las creencias basadas en esas ideas de autosuficiencia e independencia completa, influenciadas por nuestros estilos de apego y experiencias tempranas, colocan la etiqueta negativa a la dependencia y la dirigen hacia un polo de la relación, cuando lo cierto es que se encuentra repartida entre los dos.

Además, esta noción de la dependencia como algo negativo, ignora que cuando esta se da de manera sana; aquella que denominamos interdependencia, es muy beneficiosa, de hecho, es necesaria. Pues es bien sabido que necesitamos del contacto con los demás para desarrollarnos como individuos.

Será, de hecho, la mirada del padre o de la madre el primer espejo en el cual el niño/a se ve. Es la mirada que me reconoce la que me da la existencia.

“Hasta cuando uno cae y se levanta solo, se levanta con la ayuda del suelo.” -Proverbio Chino-

 

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