Mientras que la sociedad siempre ha aceptado cierto grado de locura en los hombres artistas como una excentricidad característica de su genialidad, el criterio ha sido un tanto diferente a la hora de juzgar a las mujeres. Poetas, escritoras, artistas, amas de casa que no eran felices o jóvenes rebeldes, fueron encerradas en hospitales psiquiátricos, alegando que padecían lo que se conocía como histeria femenina, siendo sometidas a todo tipo de prácticas excesivas, prácticas que hoy en día no se considerarían precisamente éticas.

La histeria femenina fue diagnosticada hasta mediados del siglo XIX. Los casos de histeria proliferaron especialmente en la era victoriana, cuando fue el diagnóstico habitual de un amplio abanico de síntomas; desde desfallecimientos, insomnio, espasmos, irritabilidad y dificultad para respirar, hasta “tendencia a causar problemas”. A partir de 1880 los casos se multiplicaron tanto que, en diez años, se convirtió en una epidemia.

Se consideraba que las pacientes diagnosticadas con histeria femenina, mujeres en casi su totalidad, sufrían de una represión sexual; verdadera causante del problema. De hecho, ya Platón e Hipócrates, la denominaban la enfermedad del útero ardiente. Será el útero, pues, el causante de esos males femeninos.

Tanto es así, que la prescripción en la medicina medieval y renacentista era el coito si estaba casada, el matrimonio si estaba soltera y el masaje de la zona genital por parte de una comadrona como último recurso. Pero, además, durante la segunda mitad del siglo XIX se empezaron a utilizar también técnicas quirúrgicas para casos que parecían no remitir, como extirpación del clítoris o de los ovarios.

¿Histeria femenina?

Años más tarde, el colectivo de médicos y psiquiatras, así como las propias mujeres, empezaron a rebelarse contra estas prácticas, mostrándose contrarios a estos diagnósticos y a sus consecuentes prácticas atroces.

En 1952, la Asociación Americana de Psiquiatría reconocía oficialmente que la histeria femenina no era una enfermedad, sino un mito obsoleto, que, de hecho, en más de un caso provocó más patologías que la propia histeria inicialmente diagnosticada, pues se les llegó a practicar incluso electroshock

¿Histeria femenina?

Diagnóstico: rebeldía

Casualmente, las mujeres que más tratamientos necesitaban eran escritoras, filósofas, sociólogas o defensoras de los derechos de las mujeres.

Todas aquellas acciones e ideas; desde la orientación sexual, hasta el propio aspecto, que no se ajustaran al rol de género, constituían una clara evidencia de enfermedad mental. Transgredir los roles salía caro y conducía irremediablemente a este diagnóstico.

Actualmente, según profesionales, el diagnóstico de la histeria, a lo sumo, se asemeja a un trastorno disociativo o a un trastorno de ansiedad, que puede ser padecido tanto por mujeres como por hombres.

Aun así, se siguen asociando ciertos trastornos de tipo emocional a mujeres, como la ansiedad y la depresión, sobre todo la primera. De hecho, hoy en día la frase “eres una histérica” sigue siendo bastante utilizada asociada a ciertas conductas que se presuponen típicas de “una mujer histérica”.

Todavía algunos se muestran titubeantes a dicho cambio en la denominación. Hasta 2018, la RAE, por ejemplo, continuaba legitimando la definición de histeria como una “enfermedad nerviosa, más frecuente en la mujer que en el hombre, caracterizada por gran variedad de síntomas, principalmente funcionales.»

«Hubo mujeres, estaban allí, yo las conocí, sus familias las encerraron en manicomios, se las sometía a tratamiento por electroshock. En los años 50, si eras hombre, podías ser un rebelde, pero si eras mujer, tu familia te encerraba. Hubo casos, yo las conocí. Algún día alguien escribirá sobre ellas.» -Gregory Corso-

 

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