La salud mental 

A principios de los noventa el Congreso de Estados Unidos pidió a seis de los más destacados premios Nobel de ciencia que eligieran dos temas que consideraran dignos en el campo de la investigación. De los seis, cinco eligieron el cerebro. Entre la comunidad de los científicos son muy pocos los que todavía se resisten a admitir la necesidad de saber más sobre el cerebro humano. A pesar de ello, la salud mental sigue siendo la gran olvidada. 

Uno de los temas que más se investiga es el de los trastornos mentales. No solo porque se trata, indudablemente, de un tema interesante, sino por la necesidad de avanzar en el conocimiento sobre este campo tan amplio que supone la salud mental. No obstante, entre la comunidad no científica el estigma social de las enfermedades mentales sigue latente.

Parece que el problema no es solo la gran cantidad de personas que los padecen sino la gran cantidad de ellas que no se trata. Además, la salud mental de las personas se ha visto muy perjudicada a nivel mundial a raíz de la situación pandémica. Menos del 30% del total buscan tratamiento por parte de profesionales debido a la falta de información generalizada, así como al estigma asociado. 

Como afirma uno de los casos entrevistados por el autor Andrew Solomon en su libro El demonio de la depresión: “Tengo un sistema de pago conjunto favorable por mi artritis reumatoide, porque es una enfermedad “real”. Mi hija en cambio, que padece depresión, no lo tiene ¿La enfermedad de mi hija no es real?”

La salud mental

Hay una tendencia a separar lo físico de lo psíquico. Las enfermedades con síntomas físicos claros son aceptadas por la sociedad como “reales”. Las enfermedades de índole psicológico, por su parte, suelen ser consideradas como enfermedades sin una razón clara detrás, por lo que suscitan cierta desconfianza y no se les llega a dar la importancia que se merecen.

Es cierto que las enfermedades mentales son un tanto complejas, por lo que no son fáciles de entender, pero este solo es un motivo más por el que se debe invertir en investigación sobre este tema.

La investigación no solo sirve a nivel científico. Si logramos aprender más sobre el cerebro, sabremos más sobre las enfermedades mentales, cómo ocurren, qué población es más vulnerable y, sobre todo, cómo prevenirlas.

Prevención

“La prevención es la alternativa más eficaz. Lamentablemente, los profesionales de la salud suelen estar demasiado preocupados por los problemas inmediatos de quienes ya sufren una enfermedad para poder prestar atención a las necesidades de los que parecen estar “bien”. La sólida evidencia aportada por estos informes avala el funcionamiento de la prevención de los trastornos mentales”, afirma la Dra. Catherine Le Galès-Camus, Subdirectora General de la OMS para Enfermedades No Transmisibles y Salud Mental.  

Saber más sobre las enfermedades mentales permite transmitir a toda la sociedad los conocimientos sobre estas. La idea que se tiene de trastorno mental influye en las decisiones que toda la sociedad toma respecto a estos, que a la vez afecta a quienes los padecen.

Son muchos los que no entienden los problemas mentales y la mayoría solo se hacen conscientes de lo que suponen cuando los padecen ellos mismos o lo viven de cerca a través de algún familiar o conocido.

Como afirma Solomon, “necesitamos un proyecto educativo en este ámbito que prepare el terreno a una iniciativa legislativa. Gastamos muchísimo dinero para que la gente conduzca de una manera más segura. Hacemos muchas cosas para que los aviones sean seguros, pero ¿Qué hacemos con respecto a la vida de las 31.000 personas que se suicidan al año?»

Puede que estemos olvidando a la persona que hay detrás de la enfermedad. Olvidamos que las personas tienen la capacidad de sentir y decidir. El ser humano es capaz de apreciar su situación afectiva y de reflexionar sobre ella.

Estigma social

Muchas personas consiguen llevar una vida totalmente adaptada aun padeciendo un trastorno mental, pero lo cierto es que no se les da mucha visibilidad.

Existe, de hecho, una tendencia a pensar que los enfermos mentales son personas violentas y peligrosas.

Un estudio británico reveló que aunque se considera que solo el 3% de los crímenes están directamente relacionados con los síntomas de la depresión mayor y el 4% con los síntomas de la esquizofrenia, la gran mayoría de la cobertura periodística referida a estos se centra en su peligrosidad.

«Cuando se habla de los delitos cometidos por personas con enfermedad mental se tiende a dar grandes titulares en los medios, lo que termina calando en la población. Sin embargo, la gran mayoría de las personas con enfermedad mental no es violenta y, por supuesto, no es peligrosa. Estamos gastando miles de millones de dólares en defendernos de estas personas cuando por mucho menos podríamos ayudarlas». Asegura el investigador principal, Jillian Peterson.

Quizá sea la sociedad la que no se adapta a ellos/as. Esta se resiste y los obliga a intentar vivir como si no tuvieran ninguna enfermedad.

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