¿Qué sucede cuando la ansiedad se transforma en el hábito del pensamiento?

 

Freud hablaba de la presencia de una espera angustiosa, una angustia flotante que se halla dispuesta en todo momento a enlazarse a cualquier idea apropiada.

Denominamos Trastorno de Ansiedad Generalizada a la alteración en la cual aparecen ansiedad y preocupación excesivas, sobre muchas y muy variadas situaciones, constante, y difícilmente controlable. Además, la persona manifiesta distintos signos de ansiedad, como pueden ser la inquietud o impaciencia, fatigabilidad, dificultad para concentrarse, irritabilidad, tensión muscular y problemas de sueño.

Muchas personas experimentan esta ansiedad y esta preocupación con una sensación de tensión interna, como si les costara mucho poder relajarse. Y a veces aparecen algunos síntomas depresivos, como tristeza, sentimientos de inutilidad o culpa, apatía o anhedonia.

¿Te suena? Debería, porque el Trastorno de Ansiedad Generalizada es considerado como el segundo trastorno más prevalente en la población, por detrás del Trastorno Depresivo Mayor, siendo dos tercios de las personas que lo padecen, mujeres.

Existen muchas teorías que tratan de explicar el TAG, y muchas de ellas hacen referencia a la utilización de la preocupación como una estrategia de afrontamiento, basada en la evitación cognitiva. Esto significa que la preocupación es utilizada como una forma de evitar que suceda aquello que tememos que pase.

La pregunta es, ¿por qué, a pesar de todos los síntomas asociados, las personas mantienen las preocupaciones como forma de afrontar la incertidumbre?

Bien, lo cierto es que detrás del TAG, hay un sistema de creencias sigilosamente establecido, que refuerza el acto de preocuparse, a la vez que impide dejar de hacerlo.

Este sistema de creencias se basa en un hecho central: las personas con TAG tienden a sobreestimar la utilidad de sus preocupaciones.

Esta sobreestimación se ve claramente a través de las creencias más frecuentemente mantenidas en el TAG.

 

Las 7 creencias más frecuentes en el TAG

Creencia 1: Preocuparme me ayuda a prepararme para lo peor. Esta creencia nos da la excusa perfecta para seguir preocupándonos, ya que nos ofrece una (falsa) sensación de seguridad.

Creencia 2: Preocuparme me ayuda a resolver problemas. Muchas personas piensan que preocuparse mucho es parte de la solución a un problema. Lo que a veces no es tan evidente, es que la preocupación consume tiempo que se arrebata a la puesta en práctica de soluciones.

Creencia 3: Preocuparse hace que sea menos probable que lo que me preocupa, ocurra. Sin darse cuenta, muchas personas conectan la probabilidad de ocurrencia de un suceso, con el grado en que se piensa en él, como si el pensamiento fuera capaz de alterar su probabilidad.

Creencia 4: Preocuparme me ayuda a descubrir nuevas formas de evitar que suceda lo que temo. Utilizar la preocupación como una forma reaseguración es la clave para asegurar que la preocupación siempre permanezca con nosotros.

Creencia 5: Preocuparme indica que soy responsable, es un rasgo positivo de mi personalidad. Detrás de esta creencia se esconde un sentimiento de hiperresponsabilidad, que nos hace creer que, si vivimos más relajadamente, y algo negativo sucede, seremos los culpables por no haberlo atendido.

Creencia 6: Preocuparme me motiva a poner en marcha soluciones. Contrariamente a esta creencia, la realidad es que la preocupación genera un alto grado de ansiedad, que por lo general bloquea la puesta en practica de soluciones

Creencia 7: Preocuparme me ayuda a no pensar en cosas que me producen más malestar. Enredarse en las preocupaciones solo atrasa el momento de enfrentarse a aquello que tememos.

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