Adrian Wells es un notable psicólogo clínico, profesor de Psicopatología en la Universidad de Manchester, en Reino Unido. A mediados de los años noventa, desarrolló la Terapia Metacognitiva, basada en el modelo que lleva el mismo nombre. para tratar trastornos de ansiedad y depresión.

Según este modelo, existirían dos tipos de preocupaciones. Las preocupaciones tipo 1, que serían preocupaciones sobre eventos externos e internos no cognitivos (situaciones, acontecimientos, personas, enfermedades, sensaciones corporales, síntomas…). Y las preocupaciones tipo 2, o metapreocupaciones, que son las preocupaciones sobre el mismo hecho de preocuparse, es decir, cuando nuestra forma de pensar es la que nos preocupa.

 

¿Qué mantiene cada tipo de preocupación?

Las preocupaciones tipo 1 se mantienen a través de las creencias positivas acerca de las preocupaciones. Estas creencias suelen ir configurándose desde la infancia, a través de experiencias y aprendizajes, y terminan por cristalizarse en la edad adulta. Sucede que cuando una persona piensa de forma rígida que las preocupaciones son buenas, tendrá la tendencia a incluir las preocupaciones como parte de todo proceso de resolución de problemas o de evitación de acontecimientos negativos. La persistencia de este proceso a través de la situaciones, y el hecho de que se repita a lo largo del tiempo, termina por implantar la preocupación patológica y, con el paso del tiempo, se acaban desarrollando las preocupaciones tipo 2.

Estas se desarrollan porque la persona siente que las preocupaciones se van volviendo más difíciles de controlar, y que suelen ser cada vez más catastróficas. La tensión que causan las preocupaciones aumenta, lo que a largo plazo provoca que se instaure una nueva creencia, la idea de que preocuparse es peligroso, dañino e incontrolable. Por ejemplo, creer que se puede llegar a perder la cabeza sino se controlan las preocupaciones, o que al final serán las preocupaciones las que te controlarán a ti o que terminaremos por enfermar si seguimos preocupándonos tanto. Estas son consideradas creencias negativas sobre las preocupaciones, y suelen ser más habituales dentro del Trastorno de Ansiedad Generalizada.

¿Cuáles son las consecuencias de metapreocuparse?

Las creencias negativas sobre las preocupaciones suelen generar un mayor estado de hipervigilancia en la persona, atendiendo a cualquier pensamiento que surge y detectando y etiquetando más pensamientos como preocupaciones dañinas. Aumentan por tanto la ansiedad y tensión, incluso se experimentan otros síntomas como temblor de manos e insomnio. Muchas veces las personas toman estas sensaciones como signos que confirman las creencias de que las preocupaciones son peligrosas. Esto crea en la persona una necesidad de controlar las preocupaciones, lo que normalmente se traduce en intentos por suprimir el pensamientos cuando aparece. También aparecen conductas de búsqueda de seguridad con el objetivo de experimentar mayor tranquilidad, como hacer comprobaciones de que todo está bien, automedicarse etc.

Paradójicamente, los intentos por no preocuparse, lejos de ayudar a disipar los pensamientos, aseguran su permanencia. ¿O acaso si te pido que no pienses, por nada del mundo, en un elefante rosa, no te sucede que la imagen se adhiere a tu pensamiento?

Todos estos efectos e intentos de supresión terminan por aumentar los pensamientos y preocupaciones no deseadas. Es por eso que son necesarias técnicas específicas para desmantelar estas creencias, y poder así disminuir las preocupaciones.

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